En el congreso ANDICOM 2026, celebrado en Cartagena, OlimpIA llevó al debate corporativo un asunto incómodo: hasta dónde puede llegar la inteligencia artificial dentro de una empresa. La posición que defendió la compañía es que automatizar un proceso no equivale a delegar la decisión final en un algoritmo.
La participación fue en el panel «Old Leadership Not Found – El liderazgo que la IA no puede automatizar», organizado por la Federación Colombiana de la Industria de Software y Tecnologías Informáticas Relacionadas (Fedesoft). El planteamiento central: a medida que la IA se integra en la operación diaria, el juicio crítico y la responsabilidad legal y ética de las decisiones deben permanecer en los equipos humanos.
Tres preguntas antes de adoptar inteligencia artificial
Con proyecciones que sitúan el mercado de la inteligencia artificial en Colombia cerca de los 10 billones de pesos para 2027, la adopción se ha acelerado en múltiples sectores. Para OlimpIA, sin embargo, incorporar esta tecnología no debería responder a una moda comercial, sino a una evaluación técnica y financiera previa.
Simbad Ceballos, CEO de la compañía, planteó tres preguntas que toda organización debería resolver antes de dar el paso:
- ¿Existe un retorno de inversión claro para el negocio?
- ¿Hay datos estructurados y confiables para alimentar los modelos?
- ¿Están los equipos preparados para usar las herramientas de forma segura?
Según el directivo, aunque los sistemas actuales analizan grandes volúmenes de información y generan recomendaciones en segundos, la validación del contenido y el diseño estratégico de los productos continúan siendo una tarea exclusiva de las personas.
Qué cambia en los perfiles profesionales
El avance de la automatización sobre las tareas rutinarias está modificando las competencias que las empresas exigen a sus colaboradores. El Foro Económico Mundial estima que el 39 % de las habilidades laborales cambiará de aquí a 2030, un desplazamiento que afecta tanto a los perfiles técnicos como a los de gestión.
El efecto práctico es que la brecha deja de ser solo tecnológica y pasa a ser de criterio: las herramientas se adquieren en semanas, pero la capacidad de interpretar lo que devuelven, y de responder por ello, se construye mucho más despacio.
Esa es la misma lógica con la que trabajamos la verificación de identidad: la tecnología amplía la capacidad de análisis, pero la responsabilidad sobre la decisión no se transfiere.
Para las organizaciones colombianas, la pregunta útil no es tanto si adoptar inteligencia artificial, sino qué decisiones están dispuestas a seguir firmando ellas mismas.
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